Gimnástica 3 - Arandina 2
Tres puntos y dos caras
La Gimnástica se impone en su estreno, pero pasa apuros tras ir ganando por tres a cero
Escrito por Adela Sanz el 20-08-2011 a las 23:13
Gimnástica: Iván Crespo, Abraham, Zalo (Cristian), Neira, Mario, Cusidor, Siro, D. Cobo (Aarón), Nando, José Luis (Camus) y Negredo.
Arandina: Álex, Cristian, David Marcos (Zamora), Joaqui, Adri (Pacheta), Carmelo, Ayrton (José Ángel), Koke, Gabi, Landaburu y Vergara.
Goles: 1-0 m. 35, Mario. 2-0 m. 49, José Luis. 3-0 m. 57, Dani Cobo. 3-1 m. 66, Vergara. 3-2 m. 74, Carmelo.
Árbitro: Gorostegui Fernández. Amonestó a los locales Mario y Neira. Por parte visitante a Koke y Landaburu.
Asistencia: Unos 2.500 espectadores en Santa Ana, con gran presencia de seguidores del Arandina.
Estreno agridulce el que disfrutaron los espectadores que asistieron al primer encuentro liguero en Santa Ana. Dulce por la victoria (3-2), tres puntos que sirven para comenzar la andadura por el campeonato con buen pie. También por el juego exhibido durante gran parte del partido y por la superioridad demostrada sobre el césped. Pero amarga porque el equipo, con tres goles de ventaja a falta de media hora para terminar el encuentro, permitió que su oponente, casi un cadáver deportivo, un boxeador tendido en la lona al borde del K.O., se levantase, marcase dos tantos y mantuviese en vilo, con el corazón encogido, a los aficionados locales hasta el pitido final.
En lineas generales, y pese al desplome final de los blanquiazules, el partido fue un éxito por varias razones. Una de ellas, la mejoría en el aspecto ofensivo respecto a la pasada campaña, con más peso en el centro del campo, mayor movilidad y una defensa más adelantada. Todo esto, junto a la extraordinaria labor de algunos jugadores. El veterano Dani Cobo fue una pieza fundamental en el juego de ataque. José Luis ofreció detalles que acreditan una mayor madurez. Mario, muy sobrio, se gustó con un soberbio gol desde treinta metros. Y, por último, Negredo, el único fichaje en el once inicial fue muy bueno fijando a los centrales, con un buen juego de espaldas, y terminó fundido de tanto correr.
Ya desde los minutos iniciales tomó el mando del encuentro el equipo de José Gómez, con un juego ofensivo, aunque abusando ligeramente de los pases largos que buscaban a Negredo. El Arandina, a la expectativa, atrás, se dedicó a esperar errores en las entregas en el centro del campo para aprovechar la velocidad de sus hombres de ataque, aunque de poco sirvió. Y es que el dominio en el juego de los gimnásticos llegó a ser absoluto en algunas fases, a pesar de la lesión de Zalo que hubo de abandonar prematuramente el terreno de juego.
No llegaba el gol
Sólo faltaba el gol, que parecía resistirse a los de casa. Hasta que llegó una jugada en el área y un balón que terminó en los pies de Mario quien, desde lejos, fulminó con un misil tierra-aire al guardameta visitante. Un gol espléndido, de los mejores que se verán en la temporada. Seguro.
Tras el descanso, el encuentro transcurrió por el mismo sendero de dominio local, con unos jugadores locales muy seguros de las posibilidades de su juego, conscientes de que este era su día. Aumentó la ventaja José Luis, quien se incorporó por la derecha y, dentro ya del área, definió con gran frialdad y acierto. La ventaja, en principio, parecía insalvable para un equipo burgalés totalmente desbordado y que para colmo vio como la diferencia aumentaba gracias al talento de Dani Cobo en los lanzamientos a balón parado.
El mediapunta, que completó un gran encuentro, ejecutó una falta con gran maestría y colocación. Pero precisamente su sustitución, con una ventaja de tres a cero, fue una de las claves de la caída del juego gimnástico y de que casi viese peligrar la victoria.
Fue un final desconcertante tras una larga lista de plácidos minutos. El conjunto cántabro perdió el control en el mediocampo, se descentró en defensa y, de esta forma, llegaron las llegadas al área de los de Aranda de Duero, que consiguieron recortar la desventaja. Primero Vergara, que culminó una jugada que comenzó con una pérdida de balón de la Gimnástica en la banda derecha, y después Carmelo, que, tras un barullo en el área, conectó un fuerte zurdazo desde la izquierda, a bocajarro, pusieron en evidencia al sistema de contención blanquiazul. Nervioso y falto de concentración. Y eso casi, al final, les cuesta un disgusto. Lo que hubiera sido, a todas luces, una injusticia.
Los últimos instantes del encuentro fueron un cúmulo de nervios, con unos jugadores locales fundidos sobre el césped, agotados por el tremendo esfuerzo de la primera mitad y también a consecuencia del calor. Al final, el resultado empañó un poco la buena imagen ofrecida. La Gimnástica debe aprender a rematar al rival.