Gimnástica 0 - Real Unión 1
Santa Ana llora con la Gimnástica
Las protestadas expulsiones de Alberto y Javi fueron decisivas. Gorka Brit consiguió romper la resistencia cántabra en el minuto 86
Escrito por Adela Sanz el 21-11-2010 a las 20:01
GIMNASTICA TORRELAVEGA: Iván Crespo (1); Abraham (1), Alberto (1), Nacho Neira (2), Zalo (2); Cusi (2), Siro (2), Perujo (1); (Lavín m.59 (1)), Nando (2) (Bubu m.69) (1); Brazales (1); (José Luis m.73) (1) y Javi (2).
REAL UNIÓN: Otermin (1); Descarga (1), Gabarain (2), Iosu Iglesias (1), Héctor Ladero (2); Rubén Durán (1) (Quero m.72) (1), Javi Álamo (2) (Iker m.81) (2), Javi Castellano (1), Goikoetxea (2); Gorka Brit (Luisma m.89) (s.c.), Eneko Romo (1).
Árbitro: Espiñeira Pello (colegio asturiano). Amonestó con amarilla a José Luis y expulsó por doble amarilla a los locales Alberto en el minuto 56 y Javi, en el 66; mientras que por parte visitante vieron la amarilla Gabarain, Ladero y Gorka Brit.
Incidencias: Santa Ana. 1.500 espectadores.
Gol: 0-1, m.86: Gorka Brit.
Un partido y dos historias. La primera de ellas trata acerca del equilibrio, de la equidad, del choque voluntarioso entre dos rivales parejos. La segunda es la crónica de una ejecución, la historia de quien bracea contra el destino y sabe que su esfuerzo es yermo, porque, herido mortalmente, no va a llegar a la orilla. Dos historias y un mismo escenario, un campo pesado, lento por aquí y rápido por allá, imprevisible, que no invita a las florituras, un césped poco digno de confianza, cruel, despiadado.
Por unos motivos u otros, léase mala fortuna, pésimo estado del terreno, despistes defensivos o dejadez, la Gimnástica se ha dejado demasiados puntos por el camino en las últimas seis jornadas. En esta ocasión, otra vez en casa, ante su afición, los blanquiazules cayeron frente al Real Unión de Irún. Los motivos fueron diferentes, para no caer en la monotonía –exceso de candidez ofensiva, agresividad mal interpretada, un colegiado riguroso-, pero el resultado ha vuelto a ser el mismo: derrota, cero puntos, retroceso en la clasificación y el consiguiente quebradero de cabeza semanal.
El encuentro en sí no comenzó mal del todo. Los dos equipos, conscientes de que no iba a ser posible jugar a ras de hierba, con pases en corto y velocidad en los desplazamientos de balón, optaron por la verticalidad, el juego de altura y el despliegue físico. Sorprendió ver a la Gimnástica tan atrás en los primeros minutos, pero más que una decisión propia fue consecuencia del empuje inicial del equipo guipuzcoano, que empujó a los jugadores locales contra su portería. Un empuje, en cierto modo, explosivo, pero vacuo, ya que los locales supieron contrarrestarlo perfectamente, e incluso avisar a su oponente para que no fuera tan osado, como ocurrió con el lanzamiento, con más intención que peligro, de Perujo en el minuto 3. El primer cuarto de hora, de todas formas, fue para el equipo de Álvaro Cervera, que tuvo en Javi Álamo, situado en la derecha, a su mayor baluarte, quien inquietó a la defensa blanquiazul en varios lances, aunque poco a poco su chispa inicial se fue extinguiendo. En el minuto 13 Perujo dispuso de una clara ocasión para marcar, pero optó por el camino más largo en la resolución de problemas y en vez de tirar a puerta tras recibir un pase de Javi, intentó varios requiebros y terminó perdiendo el balón.
La Gimnástica, que se había quitado de encima al Real Unión de los primeros minutos, vivió sus mejores momentos en el ecuador de la primera parte, en el que dispuso de hasta tres oportunidades para haber abierto el marcador. Primero con una jugada de Nando por la izquierda, a cuyo centro al área nadie llegó, después, un remate de cabeza de Javi que terminó, manso, en manos del portero, y, por último , una galopada de Perujo, centro al área y caída posterior de Javi. El Real Unión se limitó a defender con orden y a mantener la cautela, sin alardes ofensivos. De esta forma, lo que restó de primer tiempo fueron minutos de mucha garra, despliegue físico y poco más.
Salieron al campo tras su paso por el vestuario dos equipos que poco o nada divergieron en aspecto e intenciones de los del primer tiempo. Juego vertical, desplazamientos largos y agresividad. Los dos primeros acercamientos a portería fueron para los locales, y ambos protagonizados por Siro. El primero de ellos concluyó con un lanzamiento que se fue muy alto, y el segundo, a un lado de la portería. Falló en exceso el equipo de José Gómez, que en ataque adoleció de la intensidad que mostró en defensa y en el centro del campo. Dicha candidez fue uno de los factores que explican por qué el equipo sucumbió, a pesar de crear peligro, más que su rival, que parecía conforme con el empate y vivía pendiente de algún error defensivo o de alguna carambola inesperada que le otorgase el triunfo.
El encuentro tenía todos los ingredientes con los que se cocinan los empates a cero, pero este fue el final de la primera de las historias. La segunda comenzó tras el festival de tarjetas amarillas y expulsiones con las que el colegiado intentó deleitar al público. Primero expulsó a Alberto, que hizo una fuerte entrada en mediocampo a un rival y fue invitado a abandonar el juego, y después enseñó el camino a la ducha a Javi por otra acción similar. De esta manera, voluntaria o involuntariamente, se convirtió en el factor determinante, y terminó por desequilibrar la balanza. Los jugadores locales no pudieron hacer otra cosa que proteger a su portero, dejando a un solitario pescador arriba en busca de la machada. El Real Unión, por vergüenza torera, ya no podía conformarse con aguantar y esperar, así que decidió adelantarse unos metros e intentar llevarse los tres puntos ante un rival muy mermado. Le costó lo suyo, ya que los futbolistas locales, furiosos y en medio de un tremendo chaparrón, hicieron todo lo posible por evitarlo. Casi con el tiempo cumplido, en el minuto 85, Iker, recién salido al campo, se fue por la izquierda, llegó a la línea de fondo, centró, y Brit, el goleador de Irún, quebró la última roca en el muro de la esperanza. De esta manera, esta segunda historia del partido, representó el final de una Gimnástica que habrá de buscar ocasiones futuras en las que renacer.