SEGUNDA DIVISIÓN B
La Gimnástica no puede con el Puertollano (2-1)
Los torrelaveguenses empezaron por delante en el marcador pero los locales remontaron el partido en los últimos minutos
Escrito por Geca Sport el 07-03-2010 a las 20:34
PUERTOLLANO: Calleja (2), Ormazábal (2), Pelegrina (2), Pomar (2), Martín Vaquero (1), Hernández (1) (Honorio, 55\\\' (2)), Raúl Medina (1), Gomis (1) (Casabella, 76\\\' (1)), Valdés (2), Acorán (2) y Ortiz (2) (Ballesteros, 62\\\' (2)).
GIMNASTICA TORRELAVEGA: Iván (1), Larrea (1), Alberto (1), Nacho Neira (2), Jacobo (1), Cusi (1), Lavín (1) (Bubu, 71\\\' (1)), Del Olmo (1), Dani Cobo (2), Jorge (2) (Perujo, 64\\\' (1)) y Collado (2) (Siro, 59\\\' (1)).
Árbitro: Perdigones Pacheco, auxiliado en las bandas por Álvarez García y Olivares Magañana. Amonestó a Pelegrina; Collado, Alberto y Neira.
Incidencias: Sánchez Menor. Alrededor de 1.000 personas.
Goles: 0-1 (m. 50) Jorge. 1-1 (m. 60) Pelegrina. 2-1 (m. 84) Casabella.
La Gimnástica cayó derrotada en Puertollano por 2-1 en un encuentro que empezó ganando pero que remontó el cuadro local con tantos de Pelegrina y Casabella.
El conjunto de Puertollano logró un triunfo fundamental ante un rival directo al que superó en ganas y tesón, y también en ocasiones. El fútbol premió la entrega del conjunto azul ante un rival que se defendió bien y salió al contragolpe, pero que no hizo más méritos que el cuadro local.
La primera mitad arrancó con ritmo, con fútbol, hasta que el agua impuso su ley. Como para recordar que la semana había sido desapacible, la lluvia acompañó a los jugadores en los primeros minutos del choque, y la pesadez del terreno de juego, que hasta entonces se adivinaba, se volvió latente y real.
Aun así, hilvanó bien el Puerto, que llevó el peso del encuentro en los primeros minutos, aunque sus disparos apenas inquietaron la meta rival.
La Gimnástica, a la contra, también inquietó a Calleja, y la primera mitad fue, al menos, entretenida. La ocasión más clara, sin duda, pasada la media hora de juego, cuando Hernández se lanzó al suelo para tocar un balón en cancha propia que cayó a pies de Collado. El ariete encaró la meta industrial con Calleja en el horizonte, pero tuvo mucho tiempo para pensar. Quiso recortar al meta, y ahí murió la ocasión, en una mano felina de Calleja.
Ahí murieron las ocasiones, porque lo cierto es que el barro tampoco permitió mucho fútbol en unos primeros cuarenta y cinco minutos en los que se impusieron las defensas. La de la Gimnástica, por colocación, porque la línea defensiva apenas tuvo que variar un ápice en el primer acto. La local, por generosidad, debido a la rapidez de Pomar en los cortes y las ayudas.
La segunda mitad tenía la misma pinta en el inicio, pero pronto saltó por los aires. Una jugada sin mayor peligro por parte de los visitantes acabó con un despeje corto del centro de la zaga, un rebote en el centro del campo y un mano a mano de Jorge ante el meta Calleja.
Esta vez, el delantero, al contrario que su compañero, templó el pulso y picó con suavidad por encima del meta industrial, y el balón se alojó mansamente en la portería del Puertollano para poner a los visitantes en ventaja. Arriesgaba el Puerto con la línea adelantada, y acabó por salirle mal. En desventaja, Benigno Sánchez se vio obligado a desabrochar el centro del campo y meter a Honorio para hacer ruido por detrás del derroche de Ortiz, que corrió durante toda la tarde.
No tardó el cuadro local en encontrar el pulso perdido, y logró empatar pronto, gracias a un centro demasiado templado de Valdés que convirtió en un regalo Pelegrina, con un remate certero que se coló por el primer palo. Tocaba reescribir el guión de nuevo.
A ello se afanó el Puerto, que mereció más que su rival, pero se encontró siempre las manoplas seguras de Iván Crespo, que interpuso los guantes a sendos zapatazos desde uno y otro costado, por parte de Acorán y Valdés. No desistió el cuadro industrial, que se dejó el pellejo en el barro en busca de la victoria. Y la consiguió de la forma más inusual según lo visto en el partido, con el mejor gol de la jornada.
Un centro de Ormazábal fue rechazado por la defensa hacia la frontal: allí apareció Casabella, que acomodó la pelota con el pecho, la dejó botar y la clavó en la escuadra. Sin barro ni polvo, sin ápice de tierra. El delirio. La victoria.