SEGUNDA DIVISIÓN B
Carlos Álvarez marca el camino de la Gimnástica
El delantero remontó el partido con dos goles tras una primera parte de su equipo para olvidar y lleva a los cántabros al tercer puesto de la tabla local
Escrito por Adela Saz el 02-10-2011 a las 19:06
Gimnástica: Iván Crespo, Camus, Neira, Alberto, Nando, Cusi (Aarón), Siro, Dani Cobo (Carlos), José Luis (Javi), Víctor y Negredo.
Sestao River: Magunacelaya, Apraiz (Asier Arranz), Arrizabalaga, Igor Cuesta, Larrazabal, Eneko, Izurza, Hernáez, Etxaniz (Sergio Martín), Barrón y Jokin (Ibón Gutiérrez, 74).
Goles: 0-1 m. 4, Etxaniz de penalti.1-1 m. 83, Carlos Álvarez. 2-1 m. 86, Carlos Álvarez. 3-1 m. 91, Negredo de penalti.
Árbitro: Fernández Pérez. Amonestó a los locales Alberto, Javi, Camus y Víctor. Por parte visitante, a Arrizabalaga, Asier Arranz, Igor Cuesta y Hernáez.
Incidencias: Campo Municipal de Santa Ana en irregular estado con unos 1.200 espectadores de los cuales unos 100 eran seguidores del Sestao River.
Carlos Álvarez recordará el dos de octubre cuando cuente que fue futbolista. En su estreno como blanquiazul, en poco más de un cuarto de hora, arregló un partido, se ganó a la grada y levantó dos veces el brazo en señal de victoria. Un domingo redondo para estrenarse. La última incoporación gimnástica compensó una primera parte de su equipo digna del salón de los horrores. Luego, a trompicones, la Gimnástica aprovechó el apagón general en las filas de su rival y consiguió una victoria tan merecida como necesaria. El tres a uno final tiene premio. Los torrelaveguenses ya son terceros en la tabla y ven de cerca ese liderato que hicieron real hace sólo un año.
Ni un pase a derechas. En corto, hacia atrás, en largo... O muy fuertes o muy desviados. Cusi, el encargado de llevar el timón, lo perdió por completo. Fueron los centrales o un Camus pasado de revoluciones quienes trataron de iniciar la mayor parte de las jugadas desde atrás (‘antológicos’, en este sentido, los pases estratosféricos de Alberto, al más puro estilo puntapié y a seguir). Sólo los hombres de la banda izquierda, Nando y Víctor, consiguieron llevar el balón hacia arriba con algo de sentido. Cuando no, optaron por cedérselo a Iván para que este buscase a Negredo, demasiado solo arriba, peleado con media defensa verdinegra. Fue una tónica palpable desde el principio y que se repitió durante muchos minutos.
El encuentro en sí, si no bueno, al menos fue entretenido. Y desde el pitido inicial. De hecho, las dos primeras jugadas en el área se resolvieron con sendos penaltis, uno por cada equipo. Alberto cometió el primero cuando ,tras una jugada a balón parado iniciada por los vizcaínos, derribó a un contrario en un forcejeo. El árbitro corrió rápido hacia el punto de penalti y lo señaló con el índice. Al parecer, clarísimo, pues ni el propio jugador se molestó en protestar. Etxaniz ejecutó la pena máxima y el lanzamiento, fuerte, fue despejado por Iván, pero el rechace llegó a los pies del lanzador que, esta vez, no erró. Cuesta arriba nada más empezar.
Comenzaba la Gimnástica perdiendo ya en el minuto cuatro, con toda una eternidad aún por delante, pero con el peso de la necesidad a sus espaldas. No obstante, en el primer acercamiento al área del Sestao, José Luis cayó al suelo empujado por un defensor. Penalti indiscutible. Cusidor tomó el balón entre sus manos, lo situó en el punto de penalti, chutó con potencia pero sin colocación y el guardameta consiguió despejarlo lejos de la zona de peligro. No era el día del centrocampista blanquiazul. Para olvidar.
Lo que podría haber sido el empate y vuelta a empezar se convirtió en una pesada condena. Durante los cuarenta minutos restantes, los locales chocaron una y otra vez contra sí mismos. El Sestao sólo necesitó aguantar la primera media hora, donde se mostró como un equipo rápido en la combinación ofensiva y con cierto criterio a la hora de armar los contraataques. Fue listo. Se aprovechó de la ineficacia de su rival durante todo ese tiempo. No llegó a crear, de todas formas, mayor peligro que un lejano lanzamiento de Etxaniz, que consiguió despejar, sin demasiados apuros, Iván Crespo.
Contínuos errores
Los gimnásticos, mientras tanto, ofrecieron una clase magistral del error, con una exhibición de pases alocados, balones fuera, saques de falta hacia atrás y rifas de balones al mejor postor. Para llorar a moco tendido. Menos mal que llegó el descanso y puso fin al drama.
Gómez, poco dado a mover piezas con premura, rompió esta vez con la norma e hizo los tres cambios casi seguidos poco después de reanudarse el juego. Acertó de lleno en su apuesta, claramente ofensiva. Cusidor, fuera, dando entrada a Aarón, retrasando a Siro al eje del centro del campo. Poco después, retiró a José Luis, voluntarioso pero ineficaz , introduciendo en su lugar a Javi, que aportó un poco más de claridad por la derecha, acompañando más en las jugadas de ataque a Negredo. Por último, retiró a Dani Cobo en su apuesta más ofensiva. Mediapunta por delantero. Y ahí apareció el actor principal de la remontada.
Carlos Álvarez, recién fichado por la Gimnástica, una incógnita respecto a su estado de forma y a su capacidad para integrarse en el grupo, se vestía de corto por primera vez ante Torrelavega. Y lo hizo bien, muy bien. De sobresaliente podría decirse sin temor a exagerar. Y es que no sólo logró dos goles –el segundo de ellos fantástico– sino que aportó frescura, claridad, movilidad arriba, un respiro a Negredo y otra salida a sus compañeros más allá de los pelotazos al delantero y la inspiración de los hombres de banda. Magnífico debut del delantero, que puso en pie a una grada que le ovacionó al final del encuentro.
La remontada
Hasta entonces, la Gimnástica siguió luchando contra sus propios fantasmas, pero esta vez contó con la ayuda de su rival, que se desinfló como un globo, se encerró en su campo y buscó amarrar el resultado limitándose a defender. Como consecuencia, el once de Gómez llegó más que en la primera parte (cosa fácil por otro lado). No gracias a la mejoría de su juego, sino fruto de su orgullo herido. Más cuestión de voluntad que de clase. Por eso, abusó de disparos lejanos que terminaban mansamente en las manos del portero o en la línea de fondo. Eso no era suficiente.
Tampoco la acción de Neira a diez minutos del final. Remató un balón al interior de la portería tras un saque de falta, pero el árbitro interpretó fuera de juego del central blanquiazul y anuló el tanto, provocando la ira del público. Santa Ana veía que el tiempo corría y el partido se escurría con él. En esas apareció Carlos Álvarez, que se había colocado por detrás de Negredo, moviéndose a un lado y a otro, dificultando la acción de los centrales.
El futbolista asturiano apareció en el segundo palo y remató un balón fácil. Empate , oxígeno y tiempo aún para remontar. Un gol normal, nada extraordinario, fruto del oportunismo, pero que dejó constancia de una buena colocación, de saber por donde va a llegar el balón. El golazo lo dejó para después, cuando recibió de espaldas en la izquierda del área, se giró, y con un preciso lanzamiento en parábola, la puso en la escuadra, al segundo palo. El asturiano sorprendió al portero, a sus compañeros y al público. Hasta a un marcador ya confiado en retirarse en tablas a falta de un suspiro para el final. Un debut glorioso. El jugador corrió hacia la banda dándose golpes en el pecho, como reivindicándose, loco de alegría en medio del éxtasis general.
También Negredo
Aún hubo tiempo para más. Con la victoria en el bolsillo, ya en los minutos añadidos, le llegó otra oportunidad al equipo blanquiazul. Además, con doble intención. De un lado, enmendar el error del primer penalti. De otro, ofrecer al delantero centro hasta ahora sin puntería, la oportunidad de estrenarse el día que debutó su competencia. Negredo, en ausencia de Cusidor, se aferró al balón y lo llevó al centro del área. Chutó fuerte y batió al portero. Un gol más necesario para él que para una Gimnástica ya con todo resuelto.
De vuelta a casa, en Santa Ana, se hablaba con el mismo tono que hace un año. Cuando eran líderes y soñaban. Pero para eso, aún falta. Cuatro puntos respecto al primero.